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Mostrando entradas de marzo, 2026
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Xavi, el escritor  Me da pena ver a Xavi, sentado en una mesa alta de hospital, a la orilla de la ventana, escribiendo en una vieja computadora de desecho. Parece que esto lo sosiega, escuchar el duro tecleo de un aparato destartalado, pantalla negra y teclas desorbitadas. De algún modo se las arregla para hacer amigos, imaginarios supongo. Le prometí que escribiría en su blog. 
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Buitre  Xavi quería un perro, así que le llevé uno, un chihuahua de peluche, lo llamó buitre 2. No entendí muy bien por qué ponerle buitre a un perro que ni siquiera era negro, dijo que le enseñaría a tocar guitarra y que siempre quiso uno, o una jirafa, pero que lo amaba sobre todo por no “hacer caca”. Para Xavi la mejor manera de escapar del aburrimiento es aguantar la respiración e interrumpir el ejercicio hasta contar algo chistoso, ayer lo hizo en frente de mí. El método es cuestionable, pero me hizo gracia. Hace años no lo escuchaba reír. Un día, antes de unirse a la milicia, su padre le dio muchos golpes; no lo vi por dos semanas. Después se le acabó su sonrisa.
Hospital Nacional de los Estados Mentales    La Francisca, Con la frente marchita    “-No tienes los ojos verdes, como ella, como Francisca”, es lo que me dijo Xavi en una de las visitas al Hospital. Le conté que estaba saliendo con Marielos, una conocida de ambos de la mili, y me confesó como secreto en el oído que él también estaba enamorado. “De Francisca”, me dijo. Ella viene acá y yo le canto con mi guitarra, está locamente enamorada de mí. Acá canto, “ya casi soy famoso”.  Pregunté por Francisca, creo que realmente nunca existió. La enfermera de aquel momento me dijo que “el Gelatinas” también hablaba de ella, que era su hermana o algo así, y que les relataba cómo ella, la hermana, llegaría por él, para celebrar la Navidad juntos, en familia, como solían hacerlo cuando eran niños. Francisca nunca llegó, solo su madre y una tía, una mujer algo vieja y fea.  Los seres humanos estamos llenos de intenciones, prometemos llegar a lugares pero nos perdemos e...
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Francisco, el Paco    Más de veintidós años que te fuiste en un viaje del cual no regresaste   Xavi fue un vecino de juventud. No sé si yo para él represento algo ahora, pero hubo una época en que fuimos inseparables. Entonces era más extrovertido, portaba siempre una gorra, camisa y jeans azul. Me abrazaba sin aviso y hablábamos de lo que haríamos cuando grandes. Su música, siempre su música…, lo hacía olvidar quién era y lo de su familia. Fue en un verano cuando Xavi me dijo, “nos vamos juntos a la mili”. Pensé que me estaba bromeando, pero no, quería partir. El que parte no regresa… aunque vuelva al mismo punto nunca regresa, porque ya no es el mismo. De eso se trataba, de dejar todo en el olvido. En la mili comencé a notar cambios, Xavi se volvió más apagado, ya no sonreía como cuando salíamos por la tarde, cuando andábamos en bicicleta y echábamos serenata. Se encerró en su mundo, un espacio solitario y sin retorno. Terminó hospitalizado. Trato de visitarlo cada tant...