Francisco, el Paco 

 

Más de veintidós años que te fuiste en un viaje del cual no regresaste




 

Xavi fue un vecino de juventud. No sé si yo para él represento algo ahora, pero hubo una época en que fuimos inseparables. Entonces era más extrovertido, portaba siempre una gorra, camisa y jeans azul. Me abrazaba sin aviso y hablábamos de lo que haríamos cuando grandes. Su música, siempre su música…, lo hacía olvidar quién era y lo de su familia. Fue en un verano cuando Xavi me dijo, “nos vamos juntos a la mili”. Pensé que me estaba bromeando, pero no, quería partir. El que parte no regresa… aunque vuelva al mismo punto nunca regresa, porque ya no es el mismo. De eso se trataba, de dejar todo en el olvido. En la mili comencé a notar cambios, Xavi se volvió más apagado, ya no sonreía como cuando salíamos por la tarde, cuando andábamos en bicicleta y echábamos serenata. Se encerró en su mundo, un espacio solitario y sin retorno. Terminó hospitalizado. Trato de visitarlo cada tanto, pero soy como un desconocido.

Comentarios

  1. Tu texto se lee como una elegía íntima, donde la memoria no es solo recuerdo sino herida abierta. Me conmueve especialmente esa frase: “El que parte no regresa… aunque vuelva al mismo punto nunca regresa, porque ya no es el mismo”, que resuena con una verdad casi heracliteana: nadie se baña dos veces en el mismo río, y tampoco se vuelve dos veces al mismo pasado.

    Xavi aparece como una figura trágica, alguien que quiso huir de sí mismo a través de la música y del viaje, pero terminó recluido en un silencio más profundo. La mili no es aquí un simple escenario histórico, sino un rito de paso fallido, una frontera entre la juventud luminosa (las bicicletas, las serenatas, los abrazos sin aviso) y un mundo opaco donde la identidad se fractura. Hay en tu narración una tensión poderosa entre el antes y el después, como si el narrador caminara constantemente entre dos tiempos irreconciliables.

    El cierre es particularmente fuerte: “Trato de visitarlo cada tanto, pero soy como un desconocido”. Esa distancia no es solo física o mental, es metafísica: cuando alguien pierde su historia compartida, también pierde a quienes la habitaban con él. Tu texto no habla únicamente de Xavi, sino de la fragilidad de los vínculos frente al tiempo, la enfermedad y el olvido.

    Es una pieza sobria, sin dramatismos innecesarios, y precisamente por eso duele más: porque entiende que las tragedias más profundas no siempre gritan, a veces solo se sientan en una habitación de hospital esperando a que alguien las recuerde.

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